miércoles, 14 de enero de 2026

La doctrina cualquiera.

 

La doctrina cualquiera.

 

   El físico catalán Jorge Wagensberg decía que un hecho artístico, siendo algo binario en donde se combinan un creador y un consumidor, requiere que estos tengan algo en común. Un parecido. Que las mentes de ambos estén a un mismo nivel.

   ¿De qué? De complejidad.

   De esta disertación se desprenden muchas otras que reafirman el carácter de las discusiones actuales sobre la calidad o no de un programa de TV, una canción, una obra de teatro, etc.

   No se debe debatir en términos de “bueno o malo” sino de, por ejemplo, más elaborado o sencillo.

   Ya va siendo hora, ante la terrible desinformación actual de una sociedad que maneja sus estándares de conocimiento al ritmo de las redes sociales, que las cosas se digan con mas claridad, firmeza y convicción. De otra manera, estaremos arando en el mar.

   El otro tema de vital importancia, es dejar claro que las prohibiciones, cancelaciones, discriminaciones y boicots, no deben ser automáticos ni obedecer a modas. Tampoco con carácter vindicativo ni de superioridad moral. Se trata de argumentar con razonamiento y dejar cada cosa en su justo lugar. Está bien, si usted quiere, que no se toquen, pero que coexistan es inevitable. Pretender un mundo perfecto ya sabemos en que termina.

   Yo por ejemplo el Reggaetón no lo soporto, por lo tanto, no lo consumo. Y en la intimidad de mi circulo social, lo critico. Pero no pretendo desaparecerlo, solo explicar el por que es algo que está tomando una dimensión errada en la masa y los inconvenientes que puede provocar al pensamiento crítico y la evolución del ser.

   Utilizando el argumento de un filósofo argentino llamado Alejandro Dolina, digamos que, si utilizamos bits para medir la dificultad de algo, por el número de ellos podemos entender con simpleza que una sinfonía de Beethoven es mas elaborada que una canción de Bad Bunny. Y ojo con los términos ok, no se dijo mejor o peor.

   Entonces sencillamente estamos ante niveles distintos de dificultad, lo que conlleva a niveles distintos también de entendimiento para los que hay que prepararse y los que, al llegar a ellos, producen un placer mucho más profundo y sublime.

   Además, hay algo en el ambiente del aprendizaje, que enriquece absolutamente todo lo que está incluido entre cuerpo y mente. Ud no aprende a leer para solo quedarse en el libro mantilla ni tampoco, a sabiendas que quizás nunca llegue a ser Shakespeare, estudia teatro pudiendo simplemente quedarse como lector y espectador simple. No, el placer que le produce el esfuerzo del estudio y la práctica lo dotan de un sentido de la vida superior.

   Entonces, que existan las telenovelas rosas, los programas de concurso elementales y los humoristas que abusan de las malas palabras; no puede ser prohibido ni juzgado de manera peyorativa, pero si debemos tener claro que no debieran ser expresión de mayoría ni fomentarse su disfrute de manera excesiva, habría que apuntar a algo más, a enriquecer las formas y los fondos.

   Pero para eso se necesita la combinación de dos elementos: el primero es que se tome en serio el tema educativo, a fondo y con exigencia. El segundo es que el consumidor reconozca diferencias en las distintas manifestaciones artísticas y si lo desea disfrute de todas, pero en su justa medida.

   ¿Y esto quién lo establece? ¡El canon! No lo neguemos más, existe más allá de gusto personal y está demostrado que salvo excepciones, establece méritos innegables.

   Hoy nos encontramos comparaciones insólitas como las que dominan las veleidosas polémicas de las plataformas, que no debieran existir y no aportan nada al debate por lo “asimétrico” de los elementos incluidos en ellas. Y somos todos culpables porque en nuestro vivir urgente y sediento de inmediatez, lo dejamos pasar. El espacio y tiempo para el pensamiento se redujo al mínimo indispensable y se subliman solo los instintos básicos.

   El cantautor español Javier Krahe decía que, claro que se puede ir a una sala de fiestas a ver a Andrés Pajares o a Fernando Esteso y claro que en algún momento se va uno a reír de sus chistes. Lo que pasa es que luego va a salir a la calle avergonzándose de haberlo hecho. Sin embargo, si vas a ver a Woody Allen o a Les Luthiers, no sólo te ríes, sino que te metes en la cama orgulloso sabiendo que te han tratado como a un tipo inteligente.

   Ahí está entonces el mejor ejemplo, disfrutar de los distintos placeres de la vida, pudiendo discernir cual aporta algo mas que simple diversión y entendiendo que el objetivo final debe ser intentar llegar a los niveles mas altos. Por que morirse sin haber entendido el Quijote y creerse feliz por leer Condorito, es un plan cuanto menos poco recomendable.

   Por otra parte, está el tema de la difusión excesiva y la prioridad única establecida por los medios masivos de comunicación, que ya en una época abandonaron por ejemplo al folklore y las tradiciones, para ahora pretender enfocar toda su maquinaria a un ritmo especifico o a un programa que solo sirva a sus intereses comerciales. ¿Finalmente, negocios son negocios no?

   Y es aquí donde debemos concentrar la lucha, todo debe tener cabida y si se reclama tanta diversidad desde otras tribunas, por qué no hacerlo en lo cultural, que es tan importante como alimento espiritual.

   Así como hay que combatir la tiranía y las imposiciones, y esto va de la mano con estudiar, aprender y razonar; de igual manera hay que huir de la masa y de las modas, una vida sin sentido es sin duda peor que la muerte misma. Ahora puede ud seguir leyendo a Coelho, siempre que sepa que le falta un escalón.

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