La doctrina cualquiera.
El físico catalán Jorge Wagensberg decía que un hecho artístico,
siendo algo binario en donde se combinan un creador y un consumidor, requiere
que estos tengan algo en común. Un parecido. Que las mentes de ambos estén a un
mismo nivel.
¿De qué? De complejidad.
De esta disertación se desprenden muchas otras
que reafirman el carácter de las discusiones actuales sobre la calidad o no de
un programa de TV, una canción, una obra de teatro, etc.
No se debe debatir en términos de “bueno o
malo” sino de, por ejemplo, más elaborado o sencillo.
Ya va siendo hora, ante la terrible desinformación
actual de una sociedad que maneja sus estándares de conocimiento al ritmo de
las redes sociales, que las cosas se digan con mas claridad, firmeza y
convicción. De otra manera, estaremos arando en el mar.
El otro tema de vital importancia, es dejar
claro que las prohibiciones, cancelaciones, discriminaciones y boicots, no
deben ser automáticos ni obedecer a modas. Tampoco con carácter vindicativo ni
de superioridad moral. Se trata de argumentar con razonamiento y dejar cada
cosa en su justo lugar. Está bien, si usted quiere, que no se toquen, pero que coexistan
es inevitable. Pretender un mundo perfecto ya sabemos en que termina.
Yo por ejemplo el Reggaetón no lo soporto,
por lo tanto, no lo consumo. Y en la intimidad de mi circulo social, lo critico.
Pero no pretendo desaparecerlo, solo explicar el por que es algo que está
tomando una dimensión errada en la masa y los inconvenientes que puede provocar
al pensamiento crítico y la evolución del ser.
Utilizando el argumento de un filósofo
argentino llamado Alejandro Dolina, digamos que, si utilizamos bits para medir
la dificultad de algo, por el número de ellos podemos entender con simpleza que
una sinfonía de Beethoven es mas elaborada que una canción de Bad Bunny. Y ojo
con los términos ok, no se dijo mejor o peor.
Entonces sencillamente estamos ante niveles
distintos de dificultad, lo que conlleva a niveles distintos también de entendimiento
para los que hay que prepararse y los que, al llegar a ellos, producen un
placer mucho más profundo y sublime.
Además, hay algo en el ambiente del aprendizaje,
que enriquece absolutamente todo lo que está incluido entre cuerpo y mente. Ud no
aprende a leer para solo quedarse en el libro mantilla ni tampoco, a sabiendas
que quizás nunca llegue a ser Shakespeare, estudia teatro pudiendo simplemente quedarse
como lector y espectador simple. No, el placer que le produce el esfuerzo del
estudio y la práctica lo dotan de un sentido de la vida superior.
Entonces, que existan las telenovelas rosas,
los programas de concurso elementales y los humoristas que abusan de las malas
palabras; no puede ser prohibido ni juzgado de manera peyorativa, pero si debemos
tener claro que no debieran ser expresión de mayoría ni fomentarse su disfrute
de manera excesiva, habría que apuntar a algo más, a enriquecer las formas y
los fondos.
Pero para eso se necesita la combinación de
dos elementos: el primero es que se tome en serio el tema educativo, a fondo y
con exigencia. El segundo es que el consumidor reconozca diferencias en las distintas
manifestaciones artísticas y si lo desea disfrute de todas, pero en su justa
medida.
¿Y esto quién lo establece? ¡El canon! No lo
neguemos más, existe más allá de gusto personal y está demostrado que salvo
excepciones, establece méritos innegables.
Hoy nos encontramos comparaciones insólitas
como las que dominan las veleidosas polémicas de las plataformas, que no debieran
existir y no aportan nada al debate por lo “asimétrico” de los elementos incluidos
en ellas. Y somos todos culpables porque en nuestro vivir urgente y sediento de
inmediatez, lo dejamos pasar. El espacio y tiempo para el pensamiento se redujo
al mínimo indispensable y se subliman solo los instintos básicos.
El cantautor español Javier Krahe decía que,
claro que se puede ir a una sala de fiestas a ver a Andrés Pajares o a Fernando
Esteso y claro que en algún momento se va uno a reír de sus chistes. Lo que
pasa es que luego va a salir a la calle avergonzándose de haberlo hecho. Sin
embargo, si vas a ver a Woody Allen o a Les Luthiers, no sólo te ríes, sino que
te metes en la cama orgulloso sabiendo que te han tratado como a un tipo
inteligente.
Ahí está entonces el mejor ejemplo, disfrutar
de los distintos placeres de la vida, pudiendo discernir cual aporta algo mas
que simple diversión y entendiendo que el objetivo final debe ser intentar
llegar a los niveles mas altos. Por que morirse sin haber entendido el Quijote
y creerse feliz por leer Condorito, es un plan cuanto menos poco recomendable.
Por otra parte, está el tema de la difusión excesiva
y la prioridad única establecida por los medios masivos de comunicación, que ya
en una época abandonaron por ejemplo al folklore y las tradiciones, para ahora
pretender enfocar toda su maquinaria a un ritmo especifico o a un programa que
solo sirva a sus intereses comerciales. ¿Finalmente, negocios son negocios no?
Y es aquí donde debemos concentrar la lucha,
todo debe tener cabida y si se reclama tanta diversidad desde otras tribunas, por
qué no hacerlo en lo cultural, que es tan importante como alimento espiritual.
Así como hay que combatir la tiranía y las
imposiciones, y esto va de la mano con estudiar, aprender y razonar; de igual
manera hay que huir de la masa y de las modas, una vida sin sentido es sin duda
peor que la muerte misma. Ahora puede ud seguir leyendo a Coelho, siempre que
sepa que le falta un escalón.





















